Estigmas e ideas falsas que afectan a las personas con síndrome de Down

En la sociedad , existen creencias erróneas, pero muy comunes, que pueden incidir de una forma profundamente negativa en las personas que tienen el síndrome de Down. Estas concepciones falsas pueden ser un problemático limitante para cómo se autoperciben, pero a su vez, para las oportunidades que les ofrece su entorno familiar o comunal. 

Si bien muchas de estas ideas ya fueron cuestionadas, aún existen personas que las repiten. A continuación, junto a nuestra colaboradora María Stroman, te comentamos una por una cuáles son: 

  1. “Las personas con síndrome de Down no se vinculan con otras personas”

Los adultos con síndrome de Down son plenamente capaces de desarrollar una diversa gama de relaciones, con las personas que encuentran en la vida, independientemente de que esas interacciones estén arraigadas en la amistad, el amor, el conflicto o la enemistad. Puede sorprender saber que muchas personas con síndrome de Down mantienen relaciones románticas y que cada vez se casan más.

La mayoría de los adultos desean encontrar amor y compañía, y las personas con síndrome de Down no son una excepción. Aunque a menudo se les pasa por alto, ansían afecto y compromiso, y manifiestan abiertamente su deseo de sentar la cabeza. ¿Por qué limitarles a una vida de soledad sólo por su condición?

Esto va más allá de lo que algunos pueden considerar un simple acto de amabilidad entre niños. Las personas con síndrome de Down que son adultas tienen todo el derecho a tener una pareja, a casarse, a poseer bienes, a tener un trabajo y a recibir una educación. Esencialmente, tienen los mismos derechos sobre su futuro que cualquier otra persona.

Está ampliamente aceptado en la comunidad no discapacitada que las relaciones románticas y el matrimonio aportan beneficios duraderos, como una mayor longevidad vital, un aprendizaje y una memoria mejorados, una mayor motivación, un estatus elevado y una mejor imagen de sí mismo. Las personas con síndrome de Down tienen derecho a experimentar estos mismos resultados positivos, quizá incluso más que sus compañeros no discapacitados.

Experimentar sentimientos de soledad es una experiencia frecuente y desafiante entre muchos adultos que viven con discapacidades. Estas personas deben hacer un esfuerzo adicional para llevar una vida normal, y forjar vínculos significativos puede serles de gran ayuda, ya que se apoyan en los puntos fuertes de los demás.

Debemos verlos no únicamente como adultos con discapacidad intelectual, sino como personas, individuos y adultos. Aunque esto puede plantear diversos retos, debemos proporcionarles apoyo adicional si ello significa que pueden llevar una vida autodeterminada. Nos incumbe ayudarles a definir sus propios caminos a seguir.

  1. “Las personas con síndrome no pueden alfabetizarse”

La mayoría de los niños con síndrome de Down son capaces de adquirir habilidades de lectura y escritura con una enseñanza eficaz y ambiciosa. El éxito se ha asociado a la existencia de educadores altamente formados que establecen objetivos elevados para sus alumnos. Sin embargo, es esencial reconocer que los niños con síndrome de Down suelen aprender de formas aumentadas en comparación con individuos con características típicas de su grupo de edad, como la utilización de pistas visuales y estímulos sonoros.

A lo largo de la historia, no ha sido prioritario proporcionar educación a las personas con síndrome de Down; como consecuencia, no es de extrañar que un número significativo de personas carecieran de las capacidades básicas de lectura y escritura en el pasado. De hecho, antes de la década de 1980, la inmensa mayoría de las personas con síndrome de Down residían en instituciones, normalmente desde la infancia hasta la primera niñez.

Antes se solía atribuir la muerte prematura al síndrome de Down y no a la institucionalización. Esto ocurría a pesar de que las personas con esta afección podían sufrir abandono, malos tratos y acceso inadecuado a la educación y la atención sanitaria mientras estaban en dichos lugares.

Durante este periodo de tiempo, la gran mayoría de los profesionales creían que era una hazaña imposible que las personas con síndrome de Down aprendieran a hablar correctamente, por no hablar de leer y escribir. Se consideró, durante ese periodo, inapropiado que entraran en lugares públicos como cines, centros comerciales o parques, y se les prohibió asistir a escuelas públicas.

Actualmente, las personas con síndrome de Down residen en hogares y no en instituciones. Su cociente intelectual ha aumentado en 20 puntos, y la gran mayoría puede aprender a leer y escribir.

  1. “Los hermanos de los niños con síndrome de Down tienen más inconvenientes que quienes no a nivel conductual”

Varias investigaciones no han revelado disparidades notables en cuanto a medidas de comportamiento o competencia entre hermanos de niños con síndrome de Down y hermanos de grupos de control.

Tampoco se encontraron discrepancias en las relaciones de los hermanos con sus amigos ni en su rendimiento académico. De hecho, los profesionales de la salud mental señalan beneficios psicológicos: se ha documentado que los hermanos poseen mayor tolerancia, compasión y conciencia, en contraste con sus hermanos típicos.

  1. “Las personas con síndrome de Down no pueden tener hijos”

Las personas con síndrome de Down son capaces de tener descendencia; sin embargo, las mujeres tienen más probabilidades de concebir que los hombres bajo el mismo cuadro. Aun así, sus tasas de fertilidad pueden ser más bajas que la de las personas neurotipicas.

Sin embargo, los datos sobre fertilidad en individuos con síndrome de Down están desfasados y proceden de estudios realizados en instituciones que separaban a hombres y mujeres con esta neurodivergencia.

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